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15 Feb
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY

Evangelio Lc 9, 22-25.

El que pierda su vida por mi causa la salvará.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?». Palabra del Señor.

Reflexión

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame»

En este primer jueves de Cuaresma, conservamos reciente la ceniza que la Iglesia nos imponía ayer en la frente, marcando el  comienzo de un viaje espiritual de cuarenta días. Jesús, en el Evangelio, nos muestra dos senderos: el Vía Crucis que Él debe transitar y nuestro camino al seguirlo.

Su senda es el Camino de la Cruz y de la muerte, pero también el de su glorificación: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado y ejecutado, pero resucitará al tercer día» (Lc 9,22). Nuestro camino, esencialmente, sigue el mismo rumbo, y la clave está en seguir a Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Lc 9,23).

Abrazado a su pesada Cruz, Jesús avanzaba siguiendo la Voluntad del Padre. En paralelo, nosotros asumimos nuestra propia cruz sobre los hombros, caminando a su lado en el Vía Crucis de nuestra vida. Este acto de cargar nuestras responsabilidades y desafíos, en sintonía con el ejemplo de Jesús, nos permite acompañarlo en su jornada redentora. En este proceso, encontramos un significado más profundo al compartir las vicisitudes de la vida, en comunión con el sacrificio redentor de Cristo.

El camino de Jesús se resume en tres palabras: sufrimiento, muerte, resurrección. Nuestro sendero también lo constituyen tres aspectos: negarnos a nosotros mismos, cargar diariamente con nuestra y acompañar a Jesús. Esta tríada de principios constituye el núcleo de nuestro camino espiritual, reflejando el llamado a vivir en consonancia con el ejemplo redentor de Cristo.

La paradoja del seguimiento de Jesús se manifiesta en la elección entre afirmarnos y perder nuestra vida o abrazar la cruz y encontrar la verdadera vida. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si, al hacerlo, perdemos nuestra esencia? (Lc 9,25).

En este tiempo de Cuaresma, carguemos nuestras cruces con valentía y amor, siguiendo el ejemplo de Jesús. Que este camino nos conduzca a una verdadera transformación y encuentro con el Señor, preparándonos para la celebración de la Resurrección.

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